Las Mujercitas se casan (Louisa May Alcott) Libros Clásicos

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.. Además, no veo por qué no, cuando estoy dispuesta a pagar todos los gastos.
Amy hablaba con tono decidido.
Sabiendo que la experiencia es la mejor maestra, la señora de March dejaba -cuando ello era posible- que sus hijas aprendieran por sí solas.
-Muy bien, hija. Si estás decidida y crees que podrás hacer todo sin demasiado gasto de dinero, de nervios y de tiempo, no te diré nada más. Háblalo con tus hermanas y lo que decidan se hará, con toda la ayuda que yo pueda darles.
-¡Gracias, mamá! ¡Eres siempre tan, buena allí se fue Amy a enterar a las otras chicas de su proyecto.
Meg estuvo de acuerdo desde el principio y prometió ayudar, ofreciendo de corazón desde su casita hasta sus mejores cucharitas de plata.
Pero en cambio Jo desaprobó todo el proyecto y no quería saber nada de ayudar.
-¿Pon qué diablos tienes que gastar dinero y fastidiar a tu familia, amén de dar vuelta toda la casa, por un montón de muchachas a quienes no les importa un comino? Te creía demasiado sensata y más orgullosa para tratar de ganarte los favores de ninguna mujer sólo porque usa calzado francés y anda en coche con chofer de librea. --Así se expresó Jo, quien habiendo sido convocada a la reunión arrancándola del trágico desenlace de su novela no estaba de humor para asuntos de vida social.
-No trato de ganarme favores de nadie y odio que me traten con tono protector tanto o más que tú -respondió Amy indignada, pues ella y Jo todavía tenían altercados cuando se suscitaban cuestiones de esa índole-. Las chicas me quieren de verdad, y yo a ellas, y verás que tienen mucha bondad y sentido común, aparte del talento, a pesar de todo eso que tú llamas "estupidez a la moda". Tú no te preocupes de gustar a la gente, de actuar en sociedad ni de cultivar los modales y el buen gusto, pero yo sí, y pienso aprovechar al máximo cada oportunidad que se me presente. Tú puedes andar por el mundo sacando fuera los codos y la nariz al aire y darle a eso el nombre de independencia, pero ése no es mi modo de ser.
Cuando Amy afilaba la lengua y se extralimitaba por lo general llevaba las de ganar, pues casi siempre tenía de su parte el sentido común, mientras que Jo llevaba a extremo tal su amor por la libertad y su odio a los convencionalismos que generalmente se veía derrotada en las discusiones.

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