Las Mujercitas se casan (Louisa May Alcott) Libros Clásicos

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Podemos visitarla en cualquier momento y es una lástima arrastrar por el camino polvoriento nuestros mejores trapitos, máxime cuando ya estamos cansadas y de mal humor.
-Habla por ti misma, por favor. A tía le gusta que le hagamos el cumplido de vestirnos bien para hacerle una visita de etiqueta. Es poca Cosa, pero a ella le complace y no creo que se te vaya a dañar tu ropa ni la mitad que dejándotela estropear por sucios perros o chicos torpes... Agáchate y deja que te saque las migas que tienes en el sombrero.
-¡Qué buena eres, Amy! -dijo Jo con una mirada de arrepentimiento que recorrió desde su ropa estropeada hasta la de Amy, tan impecable como cuando habían salido-. Ojalá fuese para mí tan fácil hacer aquello que gusta a la gente como te es a ti.
Amy sonrió y se ablandó en seguida, diciendo con aire maternal:
-Las mujeres deben aprender a hacerse agradables, y muy especialmente las que son pobres, puesto que no tienen otros medios de retribuir las bondades que reciben.
-Siempre he sido una gran regañona y lo seguiré siendo, aunque admito que tienes razón; sólo que a mí me es más fácil aún arriesgar la vida por alguien que hacérmelo agradable cuando no tengo ganas de cumplidos. Es una gran desventaja que las cosas nos gusten o nos disgusten con tal intensidad, ¿no es cierto?
-Lo peor es no saber disimularlo. Tampoco yo apruebo la conducta de Tudor, igual que tú, pero creo que no me incumbe a mí decírselo, así como tampoco te corresponde a ti, y ¿qué se gana con hacerse desagradable porque lo sea él?
-Pues yo creo que las chicas tienen que mostrar su desaprobación de un muchacho y no veo de qué otro modo pueden hacerlo más que con su comportamiento hacia ellos, ya que de nada sirve sermonearlos, como demasiado lo sé desde que he debido manejar a Teddy. Tengo en cambio pequeños modos de influir sobre él sin decir una sola palabra, y me parece que lo mismo podríamos hacer con otros muchachos si se presenta la oportunidad.
-Teddy es un muchacho extraordinario y no puede tomarse como patrón de prueba -y Amy se expresaba con un´ tono tan solemne de convicción que hubiese convulsionado de risa al "muchacho extraordinario" si hubiese podido oírla.
-Si fuéramos grandes bellezas o mujeres de gran posición o fortuna quizá podríamos lograr algo, pero tratándose de nosotras no tendría el más mínimo electo mirar señudamente a un grupo de muchachos porque no los aprobamos y sonreír a otros porque nos guste lo que hacen.

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