El modelo de Pickman (Howard Phillips Lovecraft) Libros Clásicos

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No me escandalizo ante el arte morboso, y cuando un hombre tiene el talento de Pickman considero un honor el haberle conocido, al margen de la dirección que tome su obra. Jamás tuvo Boston un pintor con las dotes de Richard Upton Pickman. Lo dije hace mucho y sigo manteniéndolo, y ni siquiera me retracté un ápice de lo dicho cuando expuso su «Demonio necrófago alimentándose». A raíz de aquello, como recordarás, Minot dejó de tratarle.
Tú sabes bien que producir obras como las de Pickman requiere un arte profundo y una especial intuición de la Naturaleza. Cualquier ganapán de esos que dibujan portadas puede embadurnar un lienzo sin orden ni concierto y darle el nombre de pesadilla, aquelarre o retrato del diablo, pero sólo un gran pintor puede conseguir que resulte verosímil o suscite pavor. Y ello porque sólo un verdadero artista conoce la anatomía de lo terrible y la fisiología del miedo: el tipo exacto de líneas y proporciones que se asocian a instintos latentes o a recuerdos hereditarios de temor, y los contrastes de color y efectos luminosos precisos que despiertan en uno el sentido latente de lo siniestro. No creo que tenga que explicarte a estas alturas por qué un Fuseli nos hace estremecer mientras que la portada de un vulgar cuento de fantasmas nos mueve a risa. Hay algo que esos artistas captan -algo que trasciende a la propia vida- y que logran transmitirnos por unos instantes. Doré poseía esa cualidad. Sime la posee, y otro tanto puede decirse de Angarola de Chicago. Y Pickman la poseía en un grado que jamás alcanzó nadie ni, quiéralo el cielo alcanzará en lo sucesivo.
No me preguntes qué es lo que ven. Tú sabes perfectamente que en el arte normal existe una gran diferencia entre lo vital y palpitante, ya proceda de la naturaleza o de modelos, y estas porquerías sin el menor valor que los pintorzuchos mercantilizados producen a discreción en el estudio. Bien, pues diría que el artista realmente original tiene una visión que le lleva a configurar modelos o a plasmar escenas del mundo espectral en que vive. De cualquier modo, consigue unos resultados que difieren tanto de los almibarados sueños del que quiere dárselas de pintor, como la producción del pintor de la naturaleza de los pastiches del dibujante que ha seguido cursos por correspondencia. Si yo hubiera visto lo que Pickman vio.

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