Las Indias Negras (Julio Verne) Libros Clásicos

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subsuelo, cavado con tanto provecho por los mineros. ¡Estas minas de Alloa, casi
contiguas a las de Aberfoyle, continuaban enriqueciendo el condado, mientras que los
depósitos vecinos, agotados hacía tantos años, no tenían ni un solo obrero!
El vapor, al dejar a Alloa, penetró en los muchos rodeos que da el Forth en una longitud
de 19 millas, circulando rápidamente entre los grandes árboles de las dos orillas. Un
instante aparecieron en un claro las ruinas de la abadía de Cambuskenneth, que data del
siglo XII. Después aparecieron tarábién el castillo de Stirling y el sitio real de este
nombre, donde el Forth, atravesado por dos puentes, no es ya navegable para los buques
de alto bordo.
Apenas se acercó a la costa el Príncipe de Gales, el ingeniero saltó prestamente al
muelle. Cinco minutos después llegaba a la estación de Stirling. Una hora más tarde
bajaba del tren en Caliender, pueblo bastante grande, situado en la orilla izquierda del
Teyth.
Allí, delante de la estación, esperaba un joven, que se dirigió en seguida hacia el
ingeniero.
Era Harry, el hijo de Simon Ford.

CAPÍTULO III

EL SUBSUELO DEL REINO UNIDO

Es conveniente para la inteligencia de este relato, decir algunas palabras que recuerden
el origen de la hulla.
Durante las épocas geológicas, cuando el esferoide terrestre estaba todavía en vías de
formación, le rodeaba una espesa atmósfera saturada de vapor de agua, y fuertemente
impregnada de ácido carbórnico. Poco a poco estos vapores se fueron condensando en
muchos y sucesivos diluvios, que cayeron sobre la tierra como si hubieran sido arrojados
de las bocas de algunos millones de millones de botellas de agua de Seltz. Era, en efecto,
un líquido cargado de ácido carbónico, que se derramaba torrencialmente sobre un suelo
pastoso, mal consolidado, sujeto a deformaciones lentas o bruscas y manteniendo al mis-
mo tiempo en este estado semifluido, tanto por el calor procedente del sol, como por el
fuego de la masa interior. Este fuego no estaba todavía encerrado en el centro del globo.
La corteza terrestre, poco espesa y no completamente endurecida, le dejaba pasar al
través de sus poros. De aquí provenía una vegetación fenomenal, semejante sin duda a la
que tal vez existe en la superficie de los planetas inferiores Venus o Mercurio, mas

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