Enigmas en prosa Reglamentos: Juegos de Sociedad

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Este juego, aunque poco conocido, es muy agradable cuando los jugadores son personas instruidas, y que no quieren parecerlo demasiado. La persona que debe adivinar pasa a un aposento inmediato, y entre tanto los jugadores se dicen unos a otros, yo propondré un enigma, cuya palabra es ésta. Confiada la palabra se llama al jugador que se coloca en medio del círculo, y cada uno le dice a su vez que adivino un enigma que le propone en prosa. Después de haberle oído le es permitido nombrar tres cosas, y nada más. Si no adivina, tiene que oír el enigma de la persona siguiente y sucesivas; pero si lo adivina, aquel que le ha propuesto paga una prenda, y queda nombrado adivino supernumerario: esto es, debe reemplazar al adivinador, cuando éste no acierte ninguno de los enigmas que se le propongan. Véanse aquí algunos ejemplos de estos, enigmas.
Quien me nombra, me rompe (El silencio). ¿Cuál es el animalito que se viste, insiste y resiste? (La mujer.)
¿Cómo se llama un ahogado viejo, ciego, hablador, caprichoso y porfiado, a quien escucha y quiere todo el mundo? (El amor propio)
¿Cuál es la cosa la más indiferente, la mejor y la peor del mundo? (El oro.)
¿Quién deja sus entrañas para ir a beber? (Una funda de almohada, a la que se quita la pluma para lavarla.)
¿Cuál es el animal que anda por la mañana en cuatro pies, al mediodía en dos, y a la noche en tres? (El hombre.)
Somos veinticinco hermanos que siempre andamos desnudos, y somos agudos y penetrantes; tenemos la cabeza pequeña y sin orejas : ¿quienes somos? (Un cuarterón de alfileres.)
Enigma en verso

Es el mismo juego que el antecedente, con la diferencia de que se han de improvisar en verso o decir los que se sepan de memoria pondremos aquí algunos.

Cruel enemiga de la raza humana,
A mil amantes he causado envidia :
Me mantengo de sangre; y en los brazos
Del que quiere mi muerte, hallo mi vida.
(La Pulga.)

Yo soy una confesión,
Que jamás se hace en voz alta;
Y si publico una falta
Es para su perfección.

Este deseo me incita
A que tal rubor provoque,
Y porque nadie equivoque,
Y el pecado más repita,
Fijo señalo el lugar
Del cometido pecado;
Y queda justificado
Quien yo llego a declarar. .
(La fe de erratas.)

Nadie mi llegar previene
Al nacer es mi morir,
Y el queme suele seguir
Jamás sin bullicio viene.
(El relámpago.)

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