Refranes propuestos Reglamentos: Juegos de Sociedad

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Este juego es también muy divertido. Uno de los jugadores sacado a la suerte se coloca en medio del círculo, y propone un refrán a cada uno, sobre el cual tiene inmediatamente que referir un hecho que lo prueba : si la persona titubea en la relación, o se produce con incoherencia; si su narración no se refiere directamente al refrán, paga una prenda. Habiendo concluido todos los jugadores su respectiva tarea, propone cada cual su refrán al jugador que los ha propuesto, el cual debe de contar los hechos respectivos a cada uno de ellos. Se le da por sucesor el jugador que esté a su derecha, a éste el que esté en igual posición, y así sigue sucesivamente. Véanse aquí algunos ejemplos de este juego. Supóngase que, el jugador del centro ha dicho a uno de los de la reunión: La costumbre es una segunda naturaleza. No hay cosa más cierta, responderá él, porque días pasados mi criado, que tenía malos los ojos, fue a consultar a un oculista, a quién encontró sentado a la mesa, comiendo bien, y bebiendo mejor. - Señor, le pregunto él
¿qué debo hacer para sanarme de este mal de ojos? - No beber vino, respondió el doctor, al mismo tiempo que empinaba el vaso. - Pero... con su licencia de usted, prosiguió mi criado, me parece que tiene usted los ojos en mejor estado que los míos, y con todo eso no lo hace usted mal, bendito sea Dios.
Amigo mío, le contestó el Hipócrates, no por eso mi remedio es malo, sino que yo quiero más beber que curarme.
Á otro jugador propusieron el siguiente refrán : La familiaridad es causa de menosprecio. Precisamente, respondió él, estoy ahora acordándome del enojo que tuvo la duquesa de Orleáns, hija de Gastón de Francia, hermano de Luis XIII, contra uno de sus gentiles hombres. El hecho fue el siguiente. Un día que se entretenía en diferentes juegos, se jugaba el de los refranes representados. Después de haber adivinado diferentes, se detuvo mirando a uno de sus gentiles hombres, que saltaba, reía, cabrioleaba y hacía otras extravagancias. Aquella princesa le mandó que repitiese de nuevo su pantomima; declaró que no podía adivinar, y preguntó qué refrán era el que encerraba. Es, señora, le respondió él, que no es menester más que un loco para divertir a otros muchos. Esta jacosidad inoportuna incomodó a la princesa; le reconvino de que la perdía el respeto, y le prohibió el que se pusiese más en su presencia.

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