Macbeth (William Shakespeare) Libros Clásicos

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es la gran enemiga de un mortal.

Música y canción.

Silencio: me llaman. Mi pequeño trasgo
en nube brumosa me aguarda sentado.

Cantan dentro «Vente ya, vente ya, etc.».

BRUJA I.a
Vámonos, deprisa. Ella volverá pronto.

Salen.

III.vi Entran LENNOX y otro NOBLE.

LENNOX
Lo que yo decía casa con vuestras ideas;
haced vuestras deducciones. Yo sólo digo
que todo ha ocurrido de un modo extraño.
El augusto Duncan fue llorado por Macbeth
(vaya, había muerto) y el valiente Banquo paseaba
muy tarde. Digamos que Fleance lo mató,
pues Fleance huyó: no se debe pasear tan tarde.
¿Quién podría no pensar que Malcolm
y Donalbain, matando a su augusto padre,
no cometieron una acción monstruosa?
¡Ese crimen! ¡Cómo apenó a Macbeth! ¿No corrió
en piadosa cólera a destrozar a los culpables,
esclavos del sueño y la bebida?
¿No fue un acto de nobleza? Sí, y de prudencia,
pues cualquier alma se habría enfurecido
oyendo a esos hombres negarlo. Así que digo
que ha llevado bien las cosas y creo
que, de estar bajo su férula los hijos de Duncan
(no lo estarán, Dios mediante), ya verían
lo que es matar a un padre; Fleance, también.
Pero alto, pues por hablar claro y no acudir
al festín del tirano, me ham dicho
que Macduff ha caído en desgracia. Señor,
¿sabéis dónde reside?
NOBLE
El primogénito de Duncan,
cuyo derecho detenta el tirano,
reside en la corte inglesa. Allí le acogió
el piadoso Eduardo con tal benevolencia
que su gran infortunio no le resta en nada
el alto respeto que merece. Y allí ha ido Macduff
a rogar al santo rey que apoye su causa
y mueva a Northumberland y al bélico Siward,
para que, con su ayuda y la sanción
del Altísimo, podamos de nuevo
dar comida a nuestras mesas, sueño a nuestras noches,
liberar los festines de puñales sangrientos,

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