Don Quijote de la Mancha (Miguel de Cervantes Saavedra) Libros Clásicos

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tan a costa de mi crédito cuanto le quedará campo abierto de juzgarlo al
que le viere salir a horas tan inusitadas de mi casa. Y lo que me fatiga es
que no la puedo castigar ni reñir: que el ser ella secretario de nuestros
tratos me ha puesto un freno en la boca para callar los suyos, y temo que
de aquí ha de nacer algún mal suceso.
»Al principio que Camila esto decía creyó Lotario que era artificio para
desmentille que el hombre que había visto salir era de Leonela, y no suyo;
pero, viéndola llorar y afligirse, y pedirle remedio, vino a creer la
verdad, y, en creyéndola, acabó de estar confuso y arrepentido del todo.
Pero, con todo esto, respondió a Camila que no tuviese pena, que él
ordenaría remedio para atajar la insolencia de Leonela. Díjole asimismo lo
que, instigado de la furiosa rabia de los celos, había dicho a Anselmo, y
cómo estaba concertado de esconderse en la recámara, para ver desde allí a
la clara la poca lealtad que ella le guardaba. Pidióle perdón desta locura,
y consejo para poder remedialla y salir bien de tan revuelto laberinto como
su mal discurso le había puesto.
»Espantada quedó Camila de oír lo que Lotario le decía, y con mucho enojo y
muchas y discretas razones le riñó y afeó su mal pensamiento y la simple y
mala determinación que había tenido. Pero, como naturalmente tiene la mujer
ingenio presto para el bien y para el mal más que el varón, puesto que le
va faltando cuando de propósito se pone a hacer discursos, luego al
instante halló Camila el modo de remediar tan al parecer inremediable
negocio, y dijo a Lotario que procurase que otro día se escondiese Anselmo
donde decía, porque ella pensaba sacar de su escondimiento comodidad para
que desde allí en adelante los dos se gozasen sin sobresalto alguno; y, sin
declararle del todo su pensamiento, le advirtió que tuviese cuidado que, en
estando Anselmo escondido, él viniese cuando Leonela le llamase, y que a
cuanto ella le dijese le respondiese como respondiera aunque no supiera que
Anselmo le escuchaba. Porfió Lotario que le acabase de declarar su
intención, porque con más seguridad y aviso guardase todo lo que viese ser
necesario.
»-Digo -dijo Camila- que no hay más que guardar, si no fuere responderme
como yo os preguntare (no queriendo Camila darle antes cuenta de lo que
pensaba hacer, temerosa que no quisiese seguir el parecer que a ella tan
bueno le parecía, y siguiese o buscase otros que no podrían ser tan
buenos).
»Con esto, se fue Lotario; y Anselmo, otro día, con la escusa de ir aquella
aldea de su amigo, se partió y volvió a esconderse: que lo pudo hacer con

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