Memorias del subsuelo (Fedor Dostoiewski) Libros Clásicos

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Buckle llega a este resultado lógicamente, a mi entender. Pero el hombre siente tal pasión por los sistemas, por las deducciones abstractas, que está dispuesto a disfrazar la verdad, a cerrar los ojos y a taparse los oídos ante la verdad, sólo por justificar su lógica.
Voy a poner un ejemplo convincente. ¡Miren alrededor! La sangre corre a raudales, incluso alegremente, como champán. ¡Observen nuestro siglo XIX, en el que ha vivido Buckle! ¡Miren a Napoleón, al otro, al grande, y al de hoy! ¡Observen a América del Norte y su unión, fundada para toda la vida! ¡Vean, en fin, a esos caricaturescos Schleswig y Holstein! ¿Qué es, entonces, lo que dulcifica en nosotros la civilización? La civilización se limita a aumentar el número de nuestras sensaciones. Gracias a ello, es muy posible que el hombre acabe por descubrir cierta voluptuosidad en el derramamiento de sangre. Es más, ya se ha dado algún caso.
¿Han observado ustedes que los sanguinarios más temibles han sido siempre señores súpercivilizados, y que junto a ellos todos los Atilas y todos los Stegnka Rasin harían un triste papel? Que esos señores tengan menos notoriedad se debe a que los vemos con más frecuencia y nos hemos acostumbrado a ellos. Desde luego, la civilización no ha hecho al hombre más sanguinario, pero sí más vil, más cobardemente sanguinario. Tiempo atrás, el hombre se consideraba con derecho a derramar sangre: y, con la conciencia perfectamente tranquila, suprimía a quien se le antojaba. Hoy, aún considerando que el derramamiento de sangre es una mala acción, seguimos matando, e incluso matamos con más frecuencia que antes. ¿Es esto mejor? Decídanlo ustedes mismos. Se dice que Cleopatra (excusen este ejemplo extraído de la historia romana) se divertía clavando agujas en el pecho de sus esclavas y que le producían gran placer los gritos y contorsiones de las víctimas. Me dirán ustedes que esto ocurría en una época un tanto bárbara; que nuestro siglo es bárbaro también, ya que todavía se dan alfilerazos; que el hombre, aunque tenga una comprensión más clara de las cosas que en aquellos atrasados tiempos, no ha podido aún acostumbrarse a seguir las reglas de la razón y de la ciencia. Pero ustedes están convencidos de que se acostumbrará cuando se haya desembarazado completamente de ciertas malas tendencias, cuando el sentido común y la ciencia hayan reeducado completamente la naturaleza humana y la hayan orientado por un camino normal.

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