Reconquistar Plenty (Colin Greenland) Libros Clásicos

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Llevaba unos pendientes de madera enormes y un vestido que casi rozaba el suelo con montones de bordados, y calzaba unos zapatos horrorosos hechos de cuero. Sé que eran de cuero porque tía Muriel nos lo dijo. Quería que los admiráramos porque aquél era un gran día para ella. Tía Muriel se había vestido de gala para ir a la ciudad y visitar a su hermana y a la hija de su hermana.
¿Y QUÉ ASPECTO TENIA USTED, CAPITANA?
¿Yo? Oh, por aquella época yo era realmente horrible. Llevaba el pelo cortado en forma de triángulo y estaba loca por los petos verde ácido.
Cuando vi a tía Muriel pensé que si el trabajar en una granja servía para que acabaras teniendo ese aspecto prefería quedarme en casa y convertirme en una joven que no había logrado desarrollar sus recursos humanos. Pero, naturalmente, la decisión no estaba en mis manos...
La granja se encontraba en las tierras del Final, allí donde terminaba el tendido del tubo. Estaba tan lejos que no podía ir y venir cada día, así que pasaba la semana allí y volvía a casa para los fines de semana. Tía Muriel cultivaba nueces de tierra, naranjas sanguinas y judías..., recuerdo que siempre había montones de judías colgando de hilos de nilón. Yo me encargaba de quitar las malas hierbas.
¿Y NO HABRIA PODIDO USAR UN ROBOT?
Tía Muriel no confía en los robots, y si he de serte sincera, la verdad es que odia las máquinas, sean de la clase que sean. Tía Muriel tiene ideas muy anticuadas sobre lo que es natural ¿sabes? Todo debería ser natural, lo cual resulta francamente estúpido si te paras a pensar en dónde vive, pero... Bueno, tía Muriel vivía feliz con sus malas hierbas y sus filtros que no paraban de obturarse, y tenerme allí para que arrancara las malas hierbas y quitara la porquería de los filtros mientras ella se repantingaba medio desnuda en una vieja silla tubular de acero natural con dos patas al aire y el respaldo apoyado en la pared de conglomerado natural de su módulo absolutamente natural hizo que se sintiera aún más feliz. Tía Muriel había nacido para vivir en una granja y tocar la guitarra. Tenía una guitarra muy vieja con la caja medio deformada por la humedad...
A veces me despertaba en plena noche porque había oído la música en sueños.

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