Las cadenas del demonio (Pedro Calderón de la Barca) Libros Clásicos

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porque cautivas y presas
con cadena están de fuego
mis acciones y mis fuerzas.)
No me aflijas, no me aflijas,
Bartolomé; que ya deja
mi engaño este ídolo mudo,
faltándole mi asistencia.
Y así cúbranme la faz
caliginosas tinieblas
que den al cielo pavor,
que den asombro a la tierra.

Cubren el altar


BARTOLOMÉ: ¿Cuánto es más, quitar a un dios
vista y voz, que no el que pueda
dar a otros voz y vista?
CEUSIS: Eso fuera, si no fuera
valido de los encantos
y mágicas apariencias
de que usáis los galileos
todos, de hechizo y quimera.
¡Muera a mis manos quien viene
a alterar la patria!
TODOS: ¡Muera!
LICANORO: Dejadle; que hasta ahora no
sabemos que nos ofenda.
IRENE: Sí sabemos, pues que viene
a introducirnos ley nueva
de un dios que ignoramos, siendo
la gran provincia de Armenia
patrimonio de los dioses
y de nosotros herencia,
desde que la primer nave
tomó en sus cumbres excelsas
puerto, sobre cuya cima
incorruptible se asienta.
BARTOLOMÉ: Y aun por eso aquí de Cam
la réproba descendencia
obra con su idolatría
en vuestros pechos impresa.
REY: No lo escuches.
CEUSIS: No le oigas.
¡Muera a nuestras manos!
TODOS: ¡Muera!
BARTOLOMÉ: Para otra ocasión el cielo
mi vida guarda y reserva.

Quieren acometer a BARTOLOMÉ, y él
vuela


LIRÓN: Hecho una bestia he quedado.

Vase


LESBIA: Siempre tú eres una bestia.

Vase


REY: Seguidle todos, buscadle,
hasta traerle a mi presencia.

Vase


SACERDOTE: Sacrificio le he de hacer
de aquestas aras sangrientas.

Vase


IRENE: La primera seré yo
que le dé la muerte fiera,
pues como esclava me toca
del dios de Astarot la ofensa.

Vase


CEUSIS: Yo bien quisiera seguirle,

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