La Nueva Revelación. El Espiritismo (Arthur Conan Doyle) Libros Clásicos

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Pero a pesar de estas pequeñas singularidades, aquellos de nosotros que hemos deseado la luz en medio de la oscuridad, la encontramos gracias a los procedimientos metódicos de información de la Sociedad. Su influencia fue uno de los factores que me ayudaron en el futuro a orientar mis pensamientos. No obstante, había de contar con otra gran ayuda.
Aunque conocedor de las prodigiosas investigaciones de grandes experimentadores, todavía no se me había ocurrido recoger el fruto de ellas edificando un sistema que hubiera sido como un resumen. Entonces leí la monumental obra de Myers La personalidad humana, la cual tiene tan potentes raíces, que de ella ha de brotar un árbol lleno de conocimientos. En su estudio Myers no podía ofrecer ninguna fórmula que involucrara a todos los fenómenos designados con el nombre genérico de espiritas. No obstante, al discutir la acción de un Espíritu sobre otro Espíritu, a lo que él denominó telepatía, exponía su opinión con tanta claridad y tan evidentemente la establecía con numerosos ejemplos, que todo el mundo, exceptuando los que se niegan decididamente a admitir lo evidente, consideró a su trabajo como una obra científica.
Ahora bien, esto era dar un paso considerable. Si el Espíritu era capaz de obrar a distancia sobre otro Espíritu es que existía un poder humano completamente independiente de la materia, tal como nosotros la habíamos entendido siempre a ésta. El materialista perdía terreno y mi antiguo razonamiento se derrumbaba. Yo decía que la llama no puede subsistir cuando la bujía se había consumido; pero aquí había una llama muy alejada de la bujía que obraba con absoluta independencia. La analogía no era, por consiguiente, nada más que aparente. Si el pensamiento, el Espíritu, la inteligencia del hombre podían obrar a distancia del cuerpo era que algo actuaba hasta cierto punto separado de nuestro cuerpo. ¿Por qué, pues, no podría existir el Espíritu por sí mismo una vez que el cuerpo hubiera perecido? Estas manifestaciones no sólo se producían a distancia en el caso de los muertos recientes, sino que revestían las mismas apariencias de la persona muerta, demostrando que estas manifestaciones eran transmitidas por algo exactamente igual al cuerpo y que sin embargo obraba fuera de él y le sobrevivía. El encadenamiento de las pruebas -desde el simple caso de la lectura del pensamiento, por una parte, y la misma manifestación del Espíritu, indepen­dientemente del cuerpo, por otra- era ininterrumpido, sucediéndose una fase tras otra.

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