Las Mujercitas se casan (Louisa May Alcott) Libros Clásicos

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Hablaba con tanta bondad mientras abría ante mí el libro de cuentos de hadas de Hans Christian Andersen con aire de invitación, que sentí más vergüenza que nunca y me lancé a la nueva lección con una decisión de aprender a toda costa que pareció divertirlo mucho. Conseguí olvidarme de mi timidez y leí con todo empeño tambaleando en las palabras largas, pronunciando según la inspiración del momento y haciendo las cosas lo mejor que pude. Cuando terminé la primera página y me detuve a recobrar el aliento, el profesor batió palmas y gritó:
-¡Eso está bien, ahora vamos mejor! Mi turno. ¡Deme oído! -y empezó a leer, haciendo retumbar las palabras con su voz fuerte y un gusto en el decir que era un placer oírlo y también verlo...
Después de ese día nos fue mucho mejor y ahora leo mis lecciones bastante bien, pues este método de aprender se acomoda a mis gustos y pesco la gramática incrustada en los cuentos o las poesías como quien toma píldoras de remedio envueltas en jalea de membrillo... Todo esto me divierte enormemente y el profesor parece no haberse cansado todavía, lo cual me parece extra ordinariamente bondadoso de su parte. Le voy a hacer un regalo de Navidad, pues no me atrevo a ofrecerle dinero por las lecciones.
Me alegro de que Laurie parezca tan feliz y trabaje tanto, que haya renunciado a fumar y que se deje crecer el pelo. Ya ves que tú lo manejas mejor que yo. Haz lo más que puedas por él, pero no lo vayas a convertir en un santito, ¿eh?, porque mucho me temo que no me va a gustar sin una pizca de picardía humana. Léele partes de mis cartas, pues no tengo mucho tiempo para escribir y con eso bastará... ¡Cómo me alegro y agradezco a Dios que sigas mejorcita!
Enero
¡Feliz Año Nuevo para todos, querida familia, que, naturalmente, incluye al señor L. y a un joven conocido con el nombre de Teddy! No sé cómo darles idea de lo mucho que disfruté con el paquete que me mandaron para Navidad! No lo recibí hasta la noche, y ya iba perdiendo las esperanzas... La carta llegó por la mañana pero nada me decía de ningún paquete: seguramente deseaban sorprenderme. No quería sentirme defraudada porque no recibía un regalito de ustedes, pero me parecía que no me iban a olvidar.

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