Los relojes (Agatha Christie) Libros Clásicos

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telefónica a aquella hora. La señorita Martindale tiene que haber
cometido un error... Pero la señorita Martindale no se equivoca
jamás. Cuanto más piensa Edna en ello más confusa se siente. Ha
de decírselo a Sheila. Sheila Webb aclarará sus dudas.
- Y luego viene la encuesta. Están presentes en la sala todas las
chicas. La señorita Martindale repite la historia de la llamada y Edna
se entera definitivamente de que la prueba aportada tan claramente
por la señorita Martindale, con mención de la hora exacta, no puede
ser cierta. Entonces habla con un agente, con el propósito de
entrevistarse con el inspector. Es probable que la directora del
«Bureau», mezclada entre otras personas, oyera las palabras de la
chica. Tal vez haya oído a sus empleadas gastando bromas a Edna
sobre el incidente del tacón sin comprender lo que el mismo
implicaba. Sea como sea, decidió seguir a la muchacha hasta
Wilbraham Crescent. Yo me pregunto: ¿por qué se encaminaría
Edna a dicha calle?
- Para echar un vistazo al escenario del crimen - explicó
Hardcastle con un suspiro- . Hay mucha gente que se conduce así.
- Sí, es verdad. Quizá le hablara al llegar allí la señorita Martindale.
Bajando las dos por la calzada, Edna formula su pregunta. Aquélla
actúa rápidamente. Las dos se encuentran cerca de una cabina
telefónica: Le dice: «Esto es muy importante. Tienes que llamar a la
policía en seguida. Vamos, llama... Di que vamos para la jefatura
inmediatamente». Edna es de las personas que hacen siempre lo
que se les dice. Entra en la cabina y descuelga el teléfono.
Entretanto, la Martindale se desliza tras ella, le ciñe el cuello con un
pañuelo y la estrangula.
- ¿Y no la vio nadie?
Poirot se encogió de hombros.
- Podían haberla visto, pero no la vieron... Por entonces sería la
una. La hora de comer. Y las miradas de las personas que se

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