La Carta de Colón anunciando el descubrimiento (Cristóbal Colón) Libros Clásicos

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noticia, andan todos desnudos, hombres y mujeres, así como sus madres los
paren, aunque algunas mujeres se cobijan un solo lugar con una hoja de
hierba o una cofia de algodón que para ellos hacen. Ellos no tienen
hierro, ni acero, ni armas, ni son para ello, no porque no sea gente bien
dispuesta y de hermosa estatura, salvo que son muy temeroso a maravilla.
No tienen otras armas salvo las armas de las cañas, cuando están con la
simiente, a la cual ponen al cabo un palillo agudo; y no osan usar de
aquellas; que muchas veces me ha acaecido enviar a tierra dos o tres
hombres a alguna villa, para haber habla, y salir a ellos de ellos sin
número; y después que los veían llegar huían, a no aguardar padre a hijo;
y esto no porque a ninguno se haya hecho mal, antes, a todo cabo adonde yo
haya estado y podido haber fabla, les he dado de todo lo que tenía, así
paño como otras cosas muchas, sin recibir por ello cosa alguna; mas son
así temerosos sin remedio. Verdad es que, después que se aseguran y
pierden este miedo, ellos son tanto sin engaño y tan liberales de lo que
tienen, que no lo creería sino el que lo viese. Ellos de cosa que tengan,
pidiéndosela, jamás dicen de no; antes, convidan la persona con ello, y
muestran tanto amor que darían los corazones, y, quieren sea cosa de
valor, quien sea de poco precio, luego por cualquiera cosica, de
cualquiera manera que sea que se le dé, por ello se van contentos. Yo
defendí que no se les diesen cosas tan civiles como pedazos de escudillas
rotas, y pedazos de vidrio roto, y cabos de agujetas aunque, cuando ellos
esto podían llegar, les parecía haber la mejor joya del mundo; que se
acertó haber un marinero, por una agujeta, de oro peso de dos castellanos
y medio; y otros, de otras cosas que muy menos valían, mucho más; ya por
blancas nuevas daban por ellas todo cuanto tenían, aunque fuesen dos ni
tres castellanos de oro, o una arroba o dos de algodón filado. Hasta los
pedazos de los arcos rotos, de las pipas tomaban, y daban lo que tenían

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