Cinco Semanas en Globo (Julio Verne) Libros Clásicos

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viaje puede prolongarse indefinidamente.
»He aquí mi secreto, señores. Es sencillo, y, como todas las cosas sencillas, no puede
dejar de tener éxito. La dilatación y la contracción del gas del aeróstato, tal es mi medio,
que no exige ni alas embarazosas ni motor mecánico. Un calorífero para producir las
variaciones de temperatura y un soplete para calentarlo; eso no es incómodo ni pesado.
»Creo, pues, haber reunido todas las condiciones para el éxito.
Así terminó su discurso el doctor Fergusson, y fue cordialmente aplaudido. No había
objeción alguna que hacer; todo estaba previsto y resuelto.
-Sin embargo -dijo el comandante-, puede ser peligroso.
¿Qué importa -respondió sencillamente el doctor-, si es practicable?

XI

Llegada a Zanzíbar. - El cónsul inglés. - Mala
disposición de los habitantes. - La isla de Kumbeni. -
Los hacedores de lluvia. - Hinchan el globo. - Partida
del 18 de abril. - último adiós. - El Victoria

Un viento constantemente favorable había acelerado la marcha del Resolute hacia el
lugar de su destino. La navegación del canal de Mozambique fue particularmente
apacible. La travesía marítima era un buen presagio de la aérea. Todos deseaban llegar
pronto y ayudar al doctor Fergusson en sus últimos preparativos.
El buque avistó por fin la ciudad de Zanzíbar, situada en la isla del mismo nombre, y el
15 de abril, a las once de la mañana, ancló en el puerto.
La isla de Zanzíbar pertenece al imán de Mascate, aliado de Francia y de Inglaterra, y
es indudablemente la más bella de sus colonias. El puerto recibe muchos buques de los
países vecinos.
La isla está separada de la costa africana por un canal, cuya anchura mayor no pasa de
treinta millas.
Existe un gran comercio de caucho, marfil y, sobre todo, ébano, porque Zanzíbar es el
gran mercado de esclavos. Allí se concentra todo el botín conquistado en las batallas que
los jefes del interior libran incesantemente. El tráfico se extiende por toda la costa
oriental, e incluso en las latitudes del Nilo, y G. Lejean ha visto allí tratar abiertamente
bajo pabellón francés.
Apenas llegó el Resolute, el cónsul inglés de Zanzíbar subió a bordo y se puso a
disposición del doctor, de cuyos proyectos le habían tenido al corriente desde hacía un
mes los periódicos de Europa.

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