A buen fin no hay mal principio (William Shakespeare) Libros Clásicos

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A buen fin no hay mal principio
William Shakespeare



Dramatis personæ
EL REY DE FRANCIA.
EL DUQUE DE FLORENCIA.
BELTRÁN, Conde del Rosellón.
LAFEU, anciano señor.
PAROLLES, secuaz de Beltrán.
El mayordomo de la condesa del Rosellón.
LAVACHE, bufón de la casa de la condesa.
Un paje.
LA CONDESA DEL ROSELLÓN, madre de Beltrán.
ELENA, dama protegida de la condesa.
Una anciana viuda, de Florencia.
DIANA, hija de la viuda.
VIOLETA y MARIANA, vecinas y amigas de la viuda.
Señores, oficiales, soldados, etc., franceses y florentinos.
ESCENA.- El Rosellón, París, Florencia, Marsella.



Acto primero
Escena primera
EN EL ROSELLÓN.- APOSENTO EN EL PALACIO DE LA CONDESA.
Entran BELTRÁN, la CONDESA DEL ROSELLÓN, ELENA y LAFEU, todos de luto.
LA CONDESA.- Al separarme de mi hijo, entierro a mi segundo esposo.
BELTRÁN.- Y yo, señora, al partir, lloro de nuevo la muerte de mi
padre; pero he de atenerme a las órdenes de su majestad, de quien soy
ahora pupilo y por siempre vasallo.
LAFEU.- Vos, señora, hallaréis en el rey a un esposo; y vos, señor, a
un padre. Él, que tan bueno es en toda ocasión, necesariamente ha de
ejercer sus virtudes tratándose de vosotros, cuyos méritos harían nacer la
bondad donde no existiese. No hay que temer, por tanto, que os falte allí
donde abunda.
LA CONDESA.- ¿Qué esperanza hay en el restablecimiento de su
majestad?
LAFEU.- Ha renunciado a sus médicos, señora, bajo cuyas prácticas
perdía el tiempo en esperanzas, sin conseguir otro resultado sino perder
por siempre toda esperanza.
LA CONDESA.- Esta joven tenía un padre (¡oh, cuántas tristezas
remueve este tenía!), cuyo talento era casi tan grande como su honradez.
De haber sido iguales uno y otra, hubiera hecho a la naturaleza inmortal;
y la muerte, falta de trabajo, habría permanecido ociosa. ¡Ojalá, por la
salud de su majestad, viviera todavía! Tengo para mí que hubiese
desaparecido la enfermedad del rey.
LAFEU.- ¿Y cómo se llamaba el hombre de que habláis, señora?
LA CONDESA.- Era famoso en su profesión y tenía razones para serlo:

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