Fantasmas de Navidad (Charles Dickens) Libros Clásicos

Página 5 de 8

Y Lady Mary, que era doncella de honor en la Corte, contó a
menudo esta historia a la Reina Charlotte; y es por esto que el viejo rey decía
siempre: «¿Cómo, cómo? ¿Qué, qué? ¿Fantasmas, fantasmas? ¡No existen, no
existen!» Y no dejaba de decir esa frase hasta que se iba a la cama.
Y ahora bien, un amigo de alguien al que casi todos conocemos, cuando era un
joven que estaba cursando estudios tenía un amigo especial con e que había hecho
el pacto de que, si era posible que e espíritu retornara a esta tierra después
de separarse del cuerpo, aquel de los dos que muriera primero se le aparecería
al otro. Nuestro amigo se olvidó de ese pacto con el curso del tiempo; los dos
jóvenes habían progresado en la vida, habían tomado camino; divergentes y se
habían separado. Pero una noche muchos años después, estando nuestro amigo en e
norte de Inglaterra, y quedándose a pasar la noche en una posada de Yorkshire
Moors, miró desde la cama hacia fuera; y allí, bajo la luz de la luna, apoyado
en un buró cercano a la ventana, y mirándole fijamente, vio a su antiguo
compañero de estudios Cuando éste se dirigió con solemnidad hacia la aparición,
ésta respondió en una especie de susurre pero bien audible:
-No te acerques a mí. Estoy muerto. He venido aquí para cumplir mi promesa.
¡Vengo del otro mundo, pero no puedo revelar sus secretos!
En ese momento empezó a volverse más pálido y se fundió, por así decirlo, con la
luz de la luna, desapareciendo en ella.
O está el caso de la hija del primer ocupante de lo pintoresca casa isabelina,
tan famosa en nuestra vecindad. ¿Ha oído hablar de ella? ¿No? Bueno, la hija
salió una noche de verano en el momento del crepúsculo; era una joven muy
hermosa, de diecisiete años de edad, y se disponía a coger flores del jardín:
pero de pronto llegó corriendo, aterrada, hasta el salón donde estaba su padre,
a quien le dijo:
-¡Ay, querido padre, me he encontrado conmigo misma!
Él la cogió en sus brazos y le dijo que todo era una fantasía, pero ella
replicó:
-¡Oh, no! Me encontré conmigo en el camino ancho, y yo estaba pálida, y recogía

Página 5 de 8
 

Paginas:


Compartir:




Diccionario: