El abanico de Lady Windermere (Oscar Wilde) Libros Clásicos

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LADY WINDERMERE.- Yo no te he espiado.
Hasta hace media hora no he sabido que existía esa
mujer. Una persona compasiva tuvo la bondad de
decirme lo que ya sabe todo Londres: tus visitas
diarias a esa casa, tu absurda pasión, las enormes
cantidades que te cuesta esa mujerzuela...
LORD WINDERMERE. - ¡Margarita, no hables
así de mistress Erlynne! ¡Tú no sabes lo injusta que
eres!
LADY WINDERMERE.- ¡Cuánto te preocupa el
honor de mistress Erlynne! ¡Ojalá te preocupase
tanto el mío!
LORD WINDERMERIL- Tu honor está intacto,
Margarita. Tú no puedes creer un instante que yo...
(Guardando de nuevo el libro de cheques en el bureau.)
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OSCAR WILDE
LADY WINDERMERE.- Lo que creo es que
gastas tu dinero absurdamente. Eso es todo. ¡Oh,
no vayas a creer que es el dinero lo que me
preocupa! Por mí, puedes tirar todo el que tenemos.
No; lo que me asombra y me confunde es que tú,
que me has querido; tú que me has enseñado a
quererte, puedas pasar así del amor que se da al
amor que se vende. ¡Eso es lo horrible! (Se sienta en el
sofá.) ¡Me siento como degradada! Tú no sientes
nada; pero yo me siento manchada, envilecida. Tú
no puedes comprender lo odioso, lo repugnante que
me parecen ahora estos seis últimos meses. Cada
beso que me diste lo tengo ahora aquí quemándome
la memoria.
LORD WINDERMERE.- (Yendo hacia ella.) ¡No
digas eso, Margarita! ¡Tú eres la única mujer que yo
he querido en el mundo!
LADY WINDERMERE.- (Levantándose.) ¿Quién es
esa mujer, entonces? ¿Por qué has tomado una casa
para ella?
LORD WINDERMERE.- Yo no he tomado una
casa para ella.
LADY WINDERMERE.- Le has dado el dinero
para tomarla, que es lo mismo.
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EL ABANICO DE LADY WINDERMERE
LORD WINDERMERE. - Margarita, desde que yo
conozco a mistress Erlynne.

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