El castillo de lindabridis (Pedro Calderón de la Barca) Libros Clásicos

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te traje hasta aquí, no quieras,
rebelde a leyes de honor,
usar mal de mis finezas.
Ya estamos en Babilonia;
valor tienes, armas llevas,
y si dan dicha favores
--¡turbada estoy y suspensa!--
favores llevas también;
las campañas son aquéllas,
tribunal de Amor y Marte;
armadas están las tiendas,
precio soy de la victoria,
hazte tu fortuna mesma,
lábrate tu misma dicha;
y a Dios, que con bien te vuelva.
El te libre y él te guarde,
Claridiano, en su violencia.
Adiós, adiós. Vete pues.
CLARIDIANA: No--¡ay cielos!--con tanta priesa
me despidas. ¿No darás
siquiera al dolor licencia
para saber que se parte?
LINDABRIDIS: Temo...
CLARIDIANA: ¿Aquí ya qué hay que temas?
LINDABRIDIS: ...que te vean...
CLARIDIANA: Di.
LINDABRIDIS: ...salir
del castillo, y que no pierdas
las esperanzas...
CLARIDIANA: Prosigue.
LINDABRIDIS: Esto basta.
CLARIDIANA: No, no quieras
dejar pendiente la voz.
LINDABRIDIS: No dudo yo que me entiendas.
CLARIDIANA: Ni yo dudo que te entiendo.
LINDABRIDIS: Pues, si me entiendes, ¿qué esperas?
CLARIDIANA: Que me lo digas.
LINDABRIDIS: ¿Por qué?
CLARIDIANA: Porque hay una diferencia
entre el saber y el oír
uno las dichas que espera;
que es dicha aparte el oírlas,
muchos después de saberlas.
LINDABRIDIS: Pues temo, si eso te agrada,
que las esperanzas pierdas
de ser mi dueño, por verte
en el castillo.
CLARIDIANA: No quieras
más afecto de mi fe,
sino que otra vez lo oyera.
LINDABRIDIS: Dices bien; porque si Amor
no tuviera preeminencia
de hacer nuevas cada vez
las razones, ¿qué tuviera
que hablar al segundo día
con su dama? Mas ¿qué esperas?
Vete, vete.
CLARIDIANA: ¿Acordaráste
de mí, señora, en mi ausencia?
LINDABRIDIS: No; que no me olvidaré.
CLARIDIANA: ¿Serás mía?
LINDABRIDIS: Amor lo quiera.
CLARIDIANA: Porque veas de mi fe
las más declaradas muestras,
sólo con que no seas de otro

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