La lucha por la vida II (Pío Baroja) Libros Clásicos

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A todas estas afirmaciones y negaciones acompañaba la dama una petición de dinero, a la cual don Sergio accedía; hasta que al último, escamado, advirtió a la baronesa que no creía en la existencia de aquel hijo. La baronesa le acusó de ruin y miserable, y don Sergio contestó haciéndose el sueco y cerrando su caja.
¿Cómo averiguó Mingote estos hechos? Indudablemente no fue la baronesa la que se los contó; pero él logró averiguarlos, y como su imaginación era fecunda, se le ocurrió proponer a la baronesa el buscar un chico, proveerle de papeles falsos y hacerle pasar por hijo de don Sergio.
A la baronesa, que no entendía de leyes y creía que el código era una red puesta para cazar a los descamisados, le pareció aquello una jugada productiva y excelente. Mingote exigió una participación en el negocio, y la baronesa le prometió que le daría todo lo que quisiera. Desde aquel momento Mingote se dio a buscar un chico que reuniera las necesarias condiciones para darle el cambiazo a don Sergio, y cuando encontró a Manuel lo llevó inmediatamente a casa de la baronesa.
A la semana de estar allí, Manuel tenía ya los papeles que le identificaban como Sergio Figueroa. Entre Mingote, don Pelayo, el escribiente y un amigo de éstos llamado Peñalar, los falsificaron con un arte exquisito.
-¿Y ahora qué hacemos? -preguntó la baronesa.

Mingote quedó pensativo. Si la baronesa escribía a don Sergio, éste, probablemente, ya escamado, podía acoger con duda la especie. Había, pues, que encontrar un procedimiento indirecto, darle la noticia por otra persona.
-¿Qué le parece a usted si fuera un confesor? -preguntó Mingote.

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