Las Mujercitas se casan (Louisa May Alcott) Libros Clásicos

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-¡Oh, mamá, Amy es muy chica y a mí me toca primero! ¡Hace tanto tiempo que lo deseo... y me haría tanto bien y todo sería tan espléndido! ¡Tengo que ir yo! ...
-Me temo que es imposible, Jo. Tía Carrol dice específicamente Amy en su carta y no nos

corresponde imponer nuestro deseo cuando nos brinda semejante favor.
-Siempre lo mismo, Amy es la que se divierte y yo la que trabajo. ¡No es justo, no es justo!. .. -gritaba Jo con pasión.
-Mucho me temo que sea por culpa tuya, querida. Cuando tía Carrol me habló de ello el otro día lamentó tus modales bruscos y tu espíritu demasiado independiente, y en esta carta dice como si citara palabras oídas: "Primero había proyectado levar a Jo, pero como los favores la agobian y odia el francés, creo que no me voya animar a invitarla. Amy es más dócil, será una buena compañía para Flo y va a recibir con gratitud cualquier beneficio que este viaje le proporcione."
-¡Ah, mi lengua, mi abominable lengua! ... ¿Por qué no puedo aprender a callarme? -se lamentaba Jo, recordando palabras que habían sido su ruina.
Oída la explicación, la señora dijo con tristeza:
-Me hubiera gustado mucho que pudieras ir, pero por esta vez no hay esperanza; así que trata de soportarlo con alegría y no entristezcas el placer de Amy con reproches o lamentaciones.
-Trataré -contestó Jo, parpadeando fuerte al arrodillarse a recoger el cesto que había derribado jubilosamente al creerse la afortunada-. La tomaré a la propia Amy de ejemplo y trataré no solamente de parecer contenta sino también de estarlo, sin envidiarle un solo minuto de felicidad... pero no me será fácil, pues esto ha sido para, mí una gran decepción. -Y la pobre Jo mojó con lágrimas bien amargas el grueso alfiletero que sostenía en la mano.
-Querida Jo, es muy egoísta de mi parte, pero yo no podría pasarme sin ti, y me alegro que no te vayas todavía -murmuró Beth abrazándola con cesto y todo, con una expresión de amor tan grande y una actitud tal de dependencia que Jo se sintió confortada a pesar de la pena agudísima que sentía. ¡Ojalá pudiese ir a rogar a tía Carrol que la agobiase con este favor!
Cuando llegó Amy, Jo, ya compuesta, pudo tomar parte en el regocijo general de la familia, quizá con menos entusiasmo que el que le era habitual en esos casos.

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