Las manzanas (Agatha Christie) Libros Clásicos

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Haga el favor de llevarse a la señora Butler y a Miranda a su piso en seguida. Punto. No hay tiempo que perder. Punto. Importante ver doctor para operación.

La señora Oliver entró en la cocina, donde Judith Butler andaba ocupada, preparando una mermelada.
-Judy -le dijo Ariadne-. Coja una maleta y ponga en ella lo más indispensable. Regreso a Londres y usted va a acompañarme, con Miranda.
-Es usted muy amable, Ariadne, pero tengo un puñado de cosas por en medio aquí todavía. De todos modos, además, no tenemos por qué apresurarnos tanto... ¿Ha de ser hoy eso?
-Sí... Me han dicho que tiene que ser hoy -dijo la señora Oliver.
-¿Qué le han dicho? ¿Quién? ¿La asistenta que cuida de su piso?
-No. Otra persona. Una de las pocas personas cuyas indicaciones suelo atender. Vamos, señora Butler. Apresúrese.
-No puedo irme ahora. Me es imposible.
-Tiene usted que hacerme caso -insistió la señora Oliver-. El coche está preparado. Lo dejé delante de la puerta principal. Nos podemos ir enseguida.
-No quisiera llevarme a Miranda... Podría dejarla aquí con alguien, con los Reynolds o Rowena Drake.
-Miranda nos acompañará, desde luego -dijo la señora Oliver, tajante-. Le ruego que no ponga dificultades, Judy. Esto es muy serio. No sé cómo se le ocurre pensar siquiera en la conveniencia de dejarla aquí con los Reynolds. Dos de sus hijos han sido asesinados, ¿no?
-Sí, sí, es verdad. Cualquiera podría caer en la cuenta de que la desgracia se cierne sobre ese hogar. En él hay alguien, por lo visto, que...
-Creo que estamos hablando demasiado -declaró la señora Oliver-. Si alguien ha de morir ahora, creo que lo más probable es que sea Ann Reynolds...
-¿Qué ocurre con esa familia? ¿Por qué han de ser asesinados todos sus miembros, uno tras otro? ¡Oh, Ariadne! ¡Esto me da miedo, francamente!
-Es natural -repuso la señora Oliver-. Hay veces en que resulta muy lógico sentir miedo. Acabo de recibir un telegrama y estoy actuando de acuerdo con las instrucciones que en el mismo me han pasado.
-¡Oh! No oí sonar el timbre del teléfono.
-Es que no me comunicaron el texto por teléfono. El telegrama me fue entregado en la puerta.
Ariadne Oliver vaciló un momento y luego alargó el papel a su amiga.
-¿Qué significa esto, lo de la operación?
-Se refiere a las amígdalas, probablemente -replicó la señora Oliver-.

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