Cartas desde mi molino (Alfonso Daudet) Libros Clásicos

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bóveda rebajada como el refectorio de un convento.
Os escribo desde ella, con la puerta de par en
par, y un sol espléndido.
Un lindo bosque de pino, chispeante de luces,
baja ante mí hasta el pie del repecho. En el hori-

C A R T A S D E M I M O L I N O

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zonte destácanse las agudas cresterías de los Alpi-
lles. No se oye ruido alguno. A lo más, de tarde en
tarde, el sonido de un pífano entre los espliegos, un
collarón de mulas en el camino. Todo ese hermoso
paisaje provenzal sólo vive por la luz.
Y ahora, ¿cómo queréis que eche de menos
vuestro París ruidoso y obscuro? ¡Estoy también en
mi molino! Este es el rinconcito que yo buscaba, un
rinconcito aromático y cálido, á mil leguas de los
periódicos, de los coches de alquiler, de la niebla. ¡Y
cuántas cosas bonitas en torno mío! No hace más de
una semana que estoy aquí instalado, y tengo llena
ya la cabeza de impresiones y recuerdos. Sin más,
ayer tarde presencié la vuelta de los rebaños a una
masía que está al pie de la cuesta, y os juro que no
cambiaría ese espectáculo por todos los estrenos
que hayáis tenido en esta semana en París. Y si no,
juzgad.
Habéis de saber que en Provenza es costumbre
enviar el ganado a los Alpes cuando llegan los calo-
res. Brutos y personas pasan allí arriba cinco o seis
meses, alojados al sereno, con hierba hasta la altura
del vientre; luego, al primer frescor del otoño, vuelta
a bajar a la masía, y vuelta a rumiar burguesmente
los grises altonazos que aromatiza el romero. Que-

A L F O N S O D A U D E T

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dábamos en que ayer tarde regresaban los rebaños.
Desde por la mañana esperaba el zaguán, de par en
par abierto, y los apriscos tenían el suelo alfombra-
do de paja fresca. De hora en hora exclamaba la
gente: «Ahora están en Eyguières, ahora en el Para-

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